Estudie la Licenciatura en Derecho, en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México. Nunca paso por mi mente ser maestra, trabajaba ( aún lo hago por las mañanas) en un Despacho Jurídico.
En 1999, en Febrero, una compañera de la Universidad me habló y me dijo que como “habían cambiado el programa de estudios del Conalep, requerían para cuarto semestre un abogado, la asignatura era Fundamentos Legales en Recursos Humanos, no sabían de que se trataba pero el perfil decía que debía ser Lic. En Derecho el maestro, que fuera pero ya”. Fui y me contrataron un martes, empecé el siguiente lunes, la primera semana de Marzo.
Empecé con Cuarto y Sexto semestre les daba (Derecho Laboral y Derecho Fiscal), pero desde el principio les hable con la verdad a los alumnos, les dije que no sabía dar clases, que era la primera vez que lo hacía, les pedí que me ayudaran y si me equivocaba en mi actitud me corrigieran, entre todos acordamos la forma de evaluar, retome actitudes y formas de evaluación de los maestros que había tenido y que me había gustado cómo me enseñaban, cabe señalar que es casi lo mismo que les explique que hago, sólo que lo hacía empíricamente, creo que como estaba abierta al diálogo y a la crítica me funciono lo que hice en mi primer semestre. Pero era muy exigente, en ocasiones intransigente con los tiempos de entrega (supongo que por mi formación profesional), no interactuaba con mis alumnos, les enseñaba y evaluaba pero ellos como seres humanos , no me interesaban ( además ni tiempo tenia para platicar), no conocía sus problemas , y aún cuando mis compañeros me dijeran lo que sucedía yo lo veía como una excusa para no hacer las actividades bien ; mi finalidad sólo era que aprendieran.
Bueno, como creo que a la mayoría le ha pasado una vez que se empieza a dar clases y se ve el desarrollo de los alumnos, cómo van aprendiendo, cómo si sirve lo que hacemos en clase, pues me gusto ser maestra, y me quede a trabajar en el Conalep.
Pero de nuevo cambiaron el Programa de Estudio, en el 2003, y no tenía ninguna asignatura que dar, me iban a descansar un semestre cuando se dieron cuenta que podía dar Valores, me la asignaron y fue ¡¡Horrible!! Me di cuenta que mis valores estaban muy mal, que los alumnos eran personas que no sólo tenían que aprender conocimientos, sino que tenían tantos o más problemas que yo, que por ser adolescentes se sentían solos e indefensos, que no habían aprendido a amarse a sí mismos ( cosa que a nosotros nos enseñaron en casa y por eso yo lo daba por hecho) y me di cuenta con muchísimo trabajo (por mi formación profesional, donde lo más importante es cumplir sin importar lo que pase, importan los hechos, luego el porqué ) que tenía y podía escuchar a los demás, dar una opinión o consejo y que aún así podía cumplir con mis funciones, muchas veces no sabía que decir, pero los canalizaba a Orientación y ahí los ayudaban a salir adelante. Considero que los he ayudado en la medida de mis posibilidades a encontrarse, tratar de aceptarse y ¿por qué no? a quererse.
Pienso que durante todo este tiempo que he laborado como docente, he trabajado correctamente, encontré algo que me llena, lo hago bien, en mis evaluaciones como docente de mis alumnos y de la Jefa de Proyecto de Formación Técnica salgo bien evaluada, en sus observaciones dicen que sí aprenden. Me siento satisfecha con mi trabajo, con la relación maestra-alumno que tengo con la mayoría de ellos.
Ha sido muy gratificante ser docente en la Educación Media Superior, me da mucha satisfacción que los alumnos me recuerden con cariño y me saluden, me cuenten cómo van en su vida, lo que han logrado, las ilusiones que tienen, algunos van a presentar a su familia, a decir que van a acabar la Universidad. Es muy bello verlos plenos, con sueños por cumplir, que me digan que lo que les enseñe les sirvió en su trabajo, lo aplican y me recuerdan.
Pero, hay veces que me siento estancada, que veo como todos van avanzando y yo sigo aquí ( más cuando mis compañeros del Despacho les va mejor que a mi por trabajar todo el día y no solo medio día, cuando tengo muchísimo trabajo de la escuela y todos me dicen que es un pérdida de tiempo, cuando me dan menos horas porque hay poca población o por perfil no tengo muchas opciones) , pero después al ver la necesidad de aprender de algunos de ellos, siento que hago bien en seguir siendo maestra.
Pero también hay aspectos negativos, ya que algunos alumnos del Conalep ingresan con muy bajo nivel, tal vez sea porque un gran porcentaje de la población son los que tienen la puntuación más baja en el examen de admisión, tienen problemas de conducta y aprendizaje, hay grupos que parece que les preguntan si son los más inquietos y los juntan y esos grupos son casi incontrolables. Hay que trabajar cada minuto de la sesión para que se callen, no se peleen en el salón y realicen sus evidencias. Hay que encontrar el punto de equilibrio en la disciplina y actitud del docente, ya que si soy muy estricta, no entran a clase; si soy buena onda, no trabajan; si no soy cuidadosa con el valor de las evidencias, no las hacen. Pero son retos, que hasta el momento he tratado de superar; trabajan y entran a clases, pero hay quien no me soporta ( lo normal ¿no es así?).
Pero en esos grupos hay alumnos con tantas ganas de ser diferentes, de mejorar y aprender, que vale la pena el esfuerzo por que se callen, pongan atención y trabajen; que tomen conciencia que el beneficio es para ellos, en fin...el trabajo es muy laborioso....¡¡¡¡Pero vale la pena!!!
En 1999, en Febrero, una compañera de la Universidad me habló y me dijo que como “habían cambiado el programa de estudios del Conalep, requerían para cuarto semestre un abogado, la asignatura era Fundamentos Legales en Recursos Humanos, no sabían de que se trataba pero el perfil decía que debía ser Lic. En Derecho el maestro, que fuera pero ya”. Fui y me contrataron un martes, empecé el siguiente lunes, la primera semana de Marzo.
Empecé con Cuarto y Sexto semestre les daba (Derecho Laboral y Derecho Fiscal), pero desde el principio les hable con la verdad a los alumnos, les dije que no sabía dar clases, que era la primera vez que lo hacía, les pedí que me ayudaran y si me equivocaba en mi actitud me corrigieran, entre todos acordamos la forma de evaluar, retome actitudes y formas de evaluación de los maestros que había tenido y que me había gustado cómo me enseñaban, cabe señalar que es casi lo mismo que les explique que hago, sólo que lo hacía empíricamente, creo que como estaba abierta al diálogo y a la crítica me funciono lo que hice en mi primer semestre. Pero era muy exigente, en ocasiones intransigente con los tiempos de entrega (supongo que por mi formación profesional), no interactuaba con mis alumnos, les enseñaba y evaluaba pero ellos como seres humanos , no me interesaban ( además ni tiempo tenia para platicar), no conocía sus problemas , y aún cuando mis compañeros me dijeran lo que sucedía yo lo veía como una excusa para no hacer las actividades bien ; mi finalidad sólo era que aprendieran.
Bueno, como creo que a la mayoría le ha pasado una vez que se empieza a dar clases y se ve el desarrollo de los alumnos, cómo van aprendiendo, cómo si sirve lo que hacemos en clase, pues me gusto ser maestra, y me quede a trabajar en el Conalep.
Pero de nuevo cambiaron el Programa de Estudio, en el 2003, y no tenía ninguna asignatura que dar, me iban a descansar un semestre cuando se dieron cuenta que podía dar Valores, me la asignaron y fue ¡¡Horrible!! Me di cuenta que mis valores estaban muy mal, que los alumnos eran personas que no sólo tenían que aprender conocimientos, sino que tenían tantos o más problemas que yo, que por ser adolescentes se sentían solos e indefensos, que no habían aprendido a amarse a sí mismos ( cosa que a nosotros nos enseñaron en casa y por eso yo lo daba por hecho) y me di cuenta con muchísimo trabajo (por mi formación profesional, donde lo más importante es cumplir sin importar lo que pase, importan los hechos, luego el porqué ) que tenía y podía escuchar a los demás, dar una opinión o consejo y que aún así podía cumplir con mis funciones, muchas veces no sabía que decir, pero los canalizaba a Orientación y ahí los ayudaban a salir adelante. Considero que los he ayudado en la medida de mis posibilidades a encontrarse, tratar de aceptarse y ¿por qué no? a quererse.
Pienso que durante todo este tiempo que he laborado como docente, he trabajado correctamente, encontré algo que me llena, lo hago bien, en mis evaluaciones como docente de mis alumnos y de la Jefa de Proyecto de Formación Técnica salgo bien evaluada, en sus observaciones dicen que sí aprenden. Me siento satisfecha con mi trabajo, con la relación maestra-alumno que tengo con la mayoría de ellos.
Ha sido muy gratificante ser docente en la Educación Media Superior, me da mucha satisfacción que los alumnos me recuerden con cariño y me saluden, me cuenten cómo van en su vida, lo que han logrado, las ilusiones que tienen, algunos van a presentar a su familia, a decir que van a acabar la Universidad. Es muy bello verlos plenos, con sueños por cumplir, que me digan que lo que les enseñe les sirvió en su trabajo, lo aplican y me recuerdan.
Pero, hay veces que me siento estancada, que veo como todos van avanzando y yo sigo aquí ( más cuando mis compañeros del Despacho les va mejor que a mi por trabajar todo el día y no solo medio día, cuando tengo muchísimo trabajo de la escuela y todos me dicen que es un pérdida de tiempo, cuando me dan menos horas porque hay poca población o por perfil no tengo muchas opciones) , pero después al ver la necesidad de aprender de algunos de ellos, siento que hago bien en seguir siendo maestra.
Pero también hay aspectos negativos, ya que algunos alumnos del Conalep ingresan con muy bajo nivel, tal vez sea porque un gran porcentaje de la población son los que tienen la puntuación más baja en el examen de admisión, tienen problemas de conducta y aprendizaje, hay grupos que parece que les preguntan si son los más inquietos y los juntan y esos grupos son casi incontrolables. Hay que trabajar cada minuto de la sesión para que se callen, no se peleen en el salón y realicen sus evidencias. Hay que encontrar el punto de equilibrio en la disciplina y actitud del docente, ya que si soy muy estricta, no entran a clase; si soy buena onda, no trabajan; si no soy cuidadosa con el valor de las evidencias, no las hacen. Pero son retos, que hasta el momento he tratado de superar; trabajan y entran a clases, pero hay quien no me soporta ( lo normal ¿no es así?).
Pero en esos grupos hay alumnos con tantas ganas de ser diferentes, de mejorar y aprender, que vale la pena el esfuerzo por que se callen, pongan atención y trabajen; que tomen conciencia que el beneficio es para ellos, en fin...el trabajo es muy laborioso....¡¡¡¡Pero vale la pena!!!
Hola María del Carmen, se necesita tener un balance con la disciplina de los alumnos, es un trabajo de todos los días, pero tenemos que ser congruentes con lo que decimos y hacemos.
ResponderEliminar¡Pero vale la pena!
¡Hola! nuevamente Carmen.
ResponderEliminarPercibo que tu perfil profesional te ha ayudado mucho, promueves valores y lo desarrolas en los jóvenes.
Me gustó lo que expresas en relación con la evaluación de tu desempeño como docente, realizo bien mi labor, mis alumnos y la jefa de Proyecto de formación técnica, aprueban mi trabajo, los educandos dicen que sí aprenden, que es lo primordial en educación, lograr que los estudiantes aprendan a hacer cosas.
Atte. Pablo Moreno Beltrán
Hola Carmen:
ResponderEliminarEs muy duro lo que comentas sobre que las cuestiones personales de tus alumnos no te interesaban, pero es una realidad que en algún momento todos vivimos, considero que somos afortunados por darnos cuenta lo equivocados que estabamos y que nuestra labor va mucho mas allá de evaluar un desmpeño académico.
Saludos y felicidades por tu blog.
Thelma Núñez Amaro